Quebranto, una película sobre las relaciones materno-filiales y la diversidad sexual

Por Jesús Ibarra

Como parte de las celebraciones de su 60 aniversario, la Biblioteca presenta el documental Quebranto, del director mexicano Roberto Fiesco, que ha triunfado en diferentes festivales de cine. Quebranto cuenta la historia de Doña Lilia Ortega y de su hijo Fernando García Ortega “Pinolito”, niño actor del cine mexicano de los años 70. Ya adulto, Fernando reveló su sexualidad, transformándose en Coral Bonelli. El director Roberto Fiesco, que estará hoy en el Teatro Santa Ana presentando su película, nos habla sobre Quebranto.

Jesús Ibarra: ¿Cómo entras en contacto por primera vez con Fernando García Ortega “Pinolito” o Coral Bonelli?

Roberto Fiesco: En 2003, yo estaba produciendo una película que se llamaba El Mago y Doña Lilia Ortega hacía uno de los personajes. Me dijo que quería aparecer en los créditos como Lilia Ortega “Doña Pinoles”. Cuando escuché el apodo, recordé que en los años 70 había un niño-actor al que apodaban “Pinolito”.  Le pregunté si tenía algo que ver con él, me dijo que era su hijo. A las dos semanas regresó a una prueba de vestuario y cuando entró a mi oficina me dice “te traje a Pinolito”. Pinolito era ahora una mujer rubia, alta, de tacones, bolso y vestido, que me impresionó mucho, tanto por su pasado como actor infantil, como por la persona en que ahora estaba convertido, además por el contraste que generaban él y su madre, siendo Coral muy alta y doña Lilia una mujer muy bajita. Pensé que había muchas preguntas que quería hacerles pero no las hice sino hasta seis años después que me decidí a hacer este documental.

JI: ¿Habías visto sus películas de niño?

RF: Caridad, segmento dirigido por Jorge Fons, de la cinta Fe, esperanza y caridad, era una película indispensable en mi propia cinefilia. Recuerdo la impresión que me causó el rostro de Katy Juardo y la presencia de este niño. Esa era la película que mejor conocía de Pinolito. Después, indagando más en su vida, me di cuenta de que había otras como La casa del sur o Tráiganme la cabeza de Alfredo García, de Sam Peckinpah.

JI: ¿Por qué decides hacer un documental sobre su historia?

Me intrigaban muchísimo estas dos personas, casi anónimas que no estaba en ninguna historia oficial del cine, y pensé que había mucho que contar. En un principio pensé en hacer sólo una entrevista en video para que existiera un testimonio de ellas. En un arrebato me fui a su casa un día y empecé a hacerles preguntas. Poco a poco me fui dando cuenta de la gran riqueza de ambas, tanto a nivel profesional como a nivel emotivo y decidí que había que acercarnos más y que podíamos hacer un largometraje.

JI: ¿Cuál fue la reacción de Coral y de su mamá cuando les dijiste que harías una película sobre ellas y con ellas?

RF: Lo tomaron de una manera muy natural. Tienen la gran ventaja de que han estado frente a las cámaras por muchísimos años, por lo que no les pareció ajeno. Creo que no tuvieron muy claro a lo largo del rodaje lo que estábamos haciendo, sino hasta que vieron la película. Nunca manifestaron nada ni a favor ni en contra.

JI: La película, aunque documental, parece como si fuera una película de ficción. ¿Cómo logras esta fluidez en la cinta?

RF: Creo que recurriendo a muchos recursos narrativos. Diseñando cada una de las secuencias de una manera distinta. Hay secuencias que están basadas en películas musicales, o en fotografías, de fotógrafos como Bert Stern, que para mí eran elementos muy importantes, y en mucho del cine mexicano al cual ellas pertenecían y que también fue para mí una gran influencia. Mezclé un poco de cinefilia, un poco de apetencia fotográfica y el hecho de que ellas fueran actrices me permitía que no estuvieran estáticas, como normalmente están las personas en los documentales.

JI: ¿Cuántos premios ha obtenido Quebranto?

RF: Aproximadamente diez. En los festivales de Guadalajara, Morelia, Durango, Zacatecas y en internacionales como el de San Sebastián y el de Lisboa, entre otros.

JI: ¿Qué significa Quebranto en tu vida?

RF: Hice Quebranto porque tenía muchas ganas de contar una historia que tuviera que ver con el cine, con la familia, con las relaciones materno-filiales, con la diversidad sexual. El hacerlo fue reconfortante. Me abrió un campo de expresión personal nuevo. Tengo muchísimo interés en seguir dirigiendo. Y como productor creo que me he vuelto mucho más exigente, no me interesa vincularme con un proyecto con el cual no esté yo de acuerdo con su nivel ideológico, político o emocional.

JI: ¿Cómo concibes que tal o cual idea debe filmarse?

RF: Es una intuición, ideas que me llegan. Jamás he salido a buscar ideas. Las historias me encuentran o tengo la intuición de identificar determinado tipo de historias que aparecen en mi vida.

 

 

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