Fe en San Miguel: preparandose para Semana Santa

During a religios procession

Our Lord of the Conques festivities

Por Jade Arroyo

San Miguel de Allende se distingue por sus festividades religiosas, mezcla de un pagano pasado ancestral con una ferviente fe católica. Sus magníficos templos y su estrecha relación con el Santuario de Jesús Nazareno en Atotonilco –lugar  de retiro espiritual para miles de fieles de todo el país –son testimonio de la fuerte influencia que la religión ha tenido en la ciudad a lo largo de la historia. La celebración en honor del Señor de la Conquista – celebrada el primer viernes de marzo de cada año – y la fiesta de la Santa Cruz en el Valle de Maíz, son una muestra de los vestigios de ese paganismo ancestral representado en las danzas prehispánicas en agradecimiento por las buenas cosechas, mezclados con la religión católica. Por otro lado, las solemnes procesiones de Semana Santa y los vía crucis realizados en lugares como Atotonilco y la colonia San Luis Rey, son la herencia de la influencia de la Iglesia Católica a través de los siglos.

La activa participación de San Miguel en la peregrinación a San Juan de los Lagos, que se lleva a cabo en enero, es otra muestra de la gran fe del pueblo sanmiguelense.

En ciertos sectores de la población, la mayoría de la gente incluso confía más en la fe, en la magia y en la suerte que en la ciencia. Por otro lado, autoridades religiosas opinan que

cada  vez hay menos vocación religiosa entre los jóvenes.

Fiestas religiosas populares

La mezcla de lo pagano con lo católico es evidente en la gran mayoría de las celebraciones: las solemnes misas y procesiones van seguidas de danzas prehispánicas y quema de copal. Esta mezcla es interpretada por los antropólogos como un fenómeno llamado Religión Popular, tal como lo entiende y practica el pueblo. Rituales de tipo mágico-religioso entre los grupos indígenas se practican en un sincretismo entre el chamanismo y la tradición católica. A la religión católica se han adherido elementos principalmente de origen prehispánico, como los xúchiles, ofrendas florales a base de una cactácea llamada cucharilla, elaboradas para la fiesta patronal de San Miguel Arcángel, o las danzas espectaculares del Señor de La Conquista.

Actualmente las tradiciones de Semana Santa continúan vigentes, con una historia de casi 300 años. Las fiestas comienzan el sábado anterior con la traída del Señor de la Columna desde Atotonilco, procesión que data desde 1823, que es recibida en San Miguel el domingo en la madrugada, con una alfombra de manzanilla, mastranzo e hinojo. Durante el Viernes de Dolores, que se celebra en San Miguel desde el siglo XVIII, las familias ponen en sus casas altares a la Virgen de los Dolores, que contienen varios elementos simbólicos como naranjas agrias, manzanilla, germinado de trigo y el color morado, simbolizando el luto; la gente ofrece en sus casas nieve o paletas heladas que simbolizan las lágrimas de la Virgen. Durante el Domingo de Ramos se realizan diversas procesiones recordando la entrada de Jesús en Jerusalén; en una de ellas, incluso un actor representa a Cristo montado en un burro.

El Santo Encuentro y el Santo Entierro son procesiones que se llevan acabo durante el Viernes Santo. La primera – el encuentro de Cristo con su madre – fue instituida en el siglo XVIII por el padre Luis Felipe Neri de Alfaro, quien venía desde Atotonilco cargando una cruz y participaban en ella los indígenas. Actualmente se realiza solamente alrededor del Jardín. La segunda -el entierro de Cristo – era realizada en aquel tiempo solamente por españoles. Actualmente participan mujeres – pertenecientes a las familias más antiguas de San Miguel – vestidas  de negro y con mantillas, que cargan la antigua imagen de la Virgen de la Soledad.

Fe y tradición sanmiguelense

El padre Saturnino, del templo del Oratorio, tiene 34 años como sacerdote y cuenta que seguir su vocación fue la mejor decisión de su vida, en contra de los deseos de sus padres.

“Muchos se preguntan por qué alguien querría dedicar su vida a la religión y excluirse de la vida mundana por propia voluntad”, comenta el sacerdote. “La fe es un misterio imposible de comprender para quienes carecen de ella. Los milagros pasan a diario a los que creemos; los que no creen ni cuenta se dan”. Según el clérigo (con estudios superiores de teología y filosofía) en San Miguel la religión sigue siendo tan palpable debido a la práctica de las tradiciones, la cual impide que estas sean olvidadas. “Por ejemplo la procesión de El Santo Entierro se sigue llevando a cabo fielmente a como se realizaba en el siglo XVIII; su música fue compuesta por un sanmiguelense. Lo que mantiene unido al pueblo mexicano es la religión, una palabra derivada de una vocablo latino que significa unión. Y lo que nos une a todo México sin duda es la Virgen de Guadalupe, la virgen de los mexicanos. A ella nadie la puede negar”.

Profesión religiosa

Desde el siglo XVII, las órdenes de religiosas han formado parte importante de la vida en la ciudad. Actualmente, hay varias congregaciones que viven y trabajan en San Miguel. No todas ellas se dedican a la vida contemplativa y de oración, algunas tienen una vida activa, principalmente en cuestiones educativas y de albergar a niños en estado de orfandad, convirtiéndose en verdaderas madres para ellos.

El convento de la Purísima Concepción, mejor conocido como Las Monjas, es el más antiguo de la ciudad; fundado en 1765 por Sor Josefa Lina de la Canal, alberga actualmente 33 religiosas, que llevan una vida contemplativa, es decir, dedican su tiempo a orar. Se ganan la vida cosiendo y lavando ropa para las imágenes religiosas de las distintas iglesias, así como haciendo y vendiendo repostería. También reciben el ingreso generado de la pequeña tienda de artículos religiosos en la entrada del templo. Las hermanas concepcionistas también hacen obras de caridad con gente en pobreza extrema que llega a la puerta del convento a preguntar por algo para comer.

Otra vertiente de la vida de una madre es la de ser “activa”, por ejemplo convertirse en maestra o realizar ayuda social. Hay dos órdenes de religiosas en San Miguel que cumplen esta función, manejando escuelas (Adoratrices Perpetuas Guadalupanas) y casas hogar (Dominicas de María), en donde las religiosas se dedican al servicio social y humanitario, cuidando de los niños en todos los aspectos salud, educación, y por su puesto la espiritualidad. Ellas viven integradas en la sociedad, a diferencia de las religiosas contemplativas.

Sor Azucena (alias) tiene dentro del convento de la Purísima Concepción  51 años, tomó el hábito a los 21. En su generación eran un grupo de ocho postulantes a monja. Actualmente sólo hay una novicia, la cual tiene cuatro años viviendo en el convento. “Hace muchos años que ya no hay postulantes, vamos quedando pocas. Ahora somos un grupo de 30 religiosas”. Según ella, esto tiene que ver con una pérdida de valores familiares; el que los padres no le inculquen a las nuevas generaciones las prácticas religiosas, la liberación femenina y cambios en los estándares sociales también influyen. Sor Azucena dijo que ella decidió avocarse a la vida religiosa porque la vida mundana no le proponía nada, “Aquello no era para mí. Sin embargo fue muy duro acostumbrarse a esta vida, no fue cosa de una mes o un año, sino que fueron años de lucha para aprender a estar en paz aquí

dentro”.

En San Miguel no hay seminario, pero el templo del Oratorio es considerado como seminario menor. Es decir, acoge a jóvenes de edad secundaria para cursar el principio de sus estudios seminaristas. Al finalizar, son enviados a Morelia, donde cursan estudios de bachillerato y teología. Actualmente hay 10 muchachos dentro del seminario menor. Al preguntar el porque de esta baja en aspirantes, el padre Saturnino dice que los sacerdotes del Oratorio le otorgan parte a los tiempos modernos regidos por la tecnología y a la falta de educación religiosa. “Muchos padres ya no se ocupan de la educación religiosa de sus hijos,” comenta. “Los jóvenes se confiesan por obligación”.

Pero también afirman que el número de sacerdotes bajó desde que hay una diócesis en Celaya. “Muchos muchachos prefieren irse allá”.

¿Fe o superstición?

Otro aspecto de la religiosidad entre los mexicanos es que la mayoría de la gente confía más en la fe, en la magia y en la suerte que en la ciencia. Según la Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2011 (Enpecyt), 72.59 por ciento de las personas consultadas confía demasiado en la fe y muy poco en la ciencia; 79 por ciento asegura que la aplicación de la ciencia hace que el modo de vida cambie demasiado rápido, y 72.24 por ciento reconoce la medicina alternativa, herbolaria y las “limpias” como medios para el tratamiento de algunas enfermedades.

Personas originarias de San Miguel (varias de ellas comerciantes) entrevistadas aseveran que debido a sus conocimientos los investigadores son “peligrosos” y afirma que el desarrollo científico “genera una vida deshumanizada y fría”; asisten con regularidad a misa y se confiesan. También consideran que las limpias y la herbolaria son opciones para aliviar enfermedades del cuerpo y alma que la ciencia no reconoce. También, debido a su gran población de origen indígena (principalmente Otomí y Chichimeca), en San Miguel y sus comunidades sigue habiendo una fuerte práctica de la herbolaria, el chamanismo y la sobandería y que son frecuentadas por gente que busca estos servicios alternativos.

Sor Azucena comenta: “una señora muy devota está muy preocupada por su hija. Dice que mientras más estudia su hija, más se aleja de Dios”. Varios jóvenes universitarios que se han alejado del núcleo familiar e incluso han vivido en países extranjeros, coincidieron en que el alejamiento de la juventud de la religión radica en la condena por parte de la Iglesia de varios temas como son matrimonios homosexuales, métodos anticonceptivos; entre otros temas de corte liberal y de derechos humanos. Como por ejemplo Jorge, quién se crío en una familia católica y se educo en instituciones religiosas: “Les agradezco a las monjitas (no todas eran buenas) que me enseñaron la importancia de la espiritualidad, de tenerla y cuidarla. Al crecer yo me alejé de la religión porque no estoy de acuerdo con ideas de la Iglesia, donde te enseñan a tener miedo de lo diferente y no te permiten pensar de forma independiente. Aunque no vaya a misa o me confiese, yo creo en un ser supremo y en los milagros”.

La sociedad mexicana exhibe muchísimos contrastes: sociales, económicos, y también espirituales. Sin embargo, la fascinación y cariño por las festividades religiosas es compartida por la población, sea cual sea su creencia.

 

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