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Día de muertos, la fiesta de los vivos

Por Antonio De Jesús Aguado

El Día de Muertos es la época propicia para coquetear con la muerte, pero también, para demostrarle que estamos llenos de vida y que es fácil expandir nuestros sentidos: la vista, con los coloridos y magníficos altares que se instalarán por toda la ciudad; el olfato, con el olor de la clásica guayaba de las ofrendas; el gusto, comiendo los platillos que ya los muertos olfatearon; el oído, a través de poemas acompañados con música de la muerte. ¿Y el tacto? Bueno, cada uno lo decide, pero habrá fiestas en las que se podrán tocar a más de algún catrín o catrina.

Visita a las criptas de la parroquia de San Miguel Arcángel

En 2003, se comenzó a colocar una ofrenda gigante en el jardín principal (este año para rendir homenaje al cronista José Cornelio López Espinosa y a la tradicionalista Inés Soria). En noviembre del año 2000, Rancho los Labradores inició un desfile de catrinas por las principales calles de la ciudad. Actualmente, el Festival La Calaca se ha adherido también a las celebraciones, ofreciendo eventos de arte alternativo.

Sin embargo, la celebración a “los que se adelantaron en el viaje de la vida”, es tan antigua como la Villa de San Miguel el Grande (actual San Miguel de Allende), donde de acuerdo con la historiadora Graciela Cruz, existen documentos que indican que desde el siglo XVIII en la Villa se hacían alfeñiques, fiambre, atole, tamales, dulces de calabaza, guayaba y pasta de almendra. También, desde el pasado, ya las personas asistían a los templos en donde se sepultaba a sus difuntos, acudían a las misas y a visitar los campos santos.

Cruz dijo que en el pasado, los panteones estaban anexos a los templos. En San Miguel estaba en lo que ahora es la Plaza Principal, perteneciente a la Parroquia y había otro en el Oratorio.

En la Parroquia de San Miguel Arcángel, debajo del altar mayor, se encuentra una cripta que de acuerdo con el entonces emperador Maximiliano de Habsburgo –quien la visitó en su camino rumbo a Dolores Hidalgo para celebrar las fiestas patrias en 1864—“Es digna de reyes” y en la que se encuentran los restos del expresidente de México Anastasio  Bustamante, entre otros personajes notables que participaron en la junta de conspiración para la Independencia de México.

Esta cripta se abre una vez al año (1 y 2 de noviembre de 8am-8pm, cerrando durante los servicios religiosos) para que quienes tengan allí familiares puedan visitarlos y para deleite de aquellos que no la conocen. Un recorrido guiado por la historiadora Graciela Cruz, (con traducción al inglés) se realizará el viernes 1 de noviembre a las 6:45pm y el sábado 2 de noviembre a las 3:45pm (la cita es en el patio de la Biblioteca), un porcentaje de lo recaudado irá a la Biblioteca.

Este tour incluye también la visita al primer cementerio extramuros de la Villa de San Miguel el Grande, el Panteón de San Rafael. Este lugar, según Cruz, data del año 1770 y fue cerrado en 1970, y seguía operando a la par del Panteón de Nuestra Señora de Guadalupe, que fue abierto en 1950 en la salida a Celaya. En 2010, el panteón de San Juan de Dios fue declarado como parte del Itinerario Cultural del Camino Real de Tierra Adentro, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Cada año, en el Día de Muertos, este panteón, aún es visitado por cientos de deudos que recuerdan a sus seres queridos. Tal es el caso del tradicionalista Emigdio Ledezma, quien relata que su hermano Zeferino—que sólo vivió unas horas—y su hermana Carmela quien vivió un año y medio, están enterrados allí. Comenta que por sus ocupaciones no puede ir cada semana a llevarles flores o arreglar la tumba, pero les ofrece misas. Previo al Día de Muertos, él va a la tumba, la arregla y el 1 de noviembre la visita, adornándola con flores.

En 1850, Benito Juárez, entonces presidente de México, emitió una reforma en la que indicaba que los entierros o matrimonios no eran asuntos del clero, sino del gobierno, por ello, desde entonces comenzaron a construirse panteones públicos. En el pasado, algunos de los restos podían enterrarse a perpetuidad, sin embargo, en 1975 el presidente de México Luis Echeverría emitió una ley, que eliminaba ese privilegio en los cementerios públicos, y ahora la gente debería pagar un refrendo cada siete años. En el municipio de San Miguel, ese pago se realiza cada cinco años.

Leyendas, mitos y realidades

La celebración del Día de Muertos es una mezcla de costumbres y tradiciones del México prehispánico (250-500 D.C) y de la llegada de los españoles (1519 DC), quienes ya celebraban a sus muertos. De acuerdo con el historiador Héctor Sansón Lozano, quien dará la plática “Orígenes, mitos y realidades sobre el día de los muertos”, en Mesoamérica, el culto a la muerte se basa en los mitos y en leyendas como la de Los Cinco Soles. Sansón comentó que esta leyenda habla sobre el mundo que existió previamente, sobre seres que poblaron la tierra, su destrucción y cómo los dioses se sacrificaron para crear el sol, la luna y las estrellas.

Esta leyenda, está relacionada con el mito antropogénico, que indica que una vez que los dioses crearon el mundo, se reunieron para discutir quién lo habitaría. El dios Quetzalcoatl va al Mictlàn (lugar de los muertos) y pide a Mictlantecutli (dios de los muertos) que le entregue los huesos sagrados. Durante el proceso de obtención de esos huesos, se presentan situaciones adversas, incluso, Quetzalcoatl cae en un hoyo y los huesos sagrados son roídos por codornices. Quetzalcóatl antes de fallecer invoca a su nahual Xolot para que lo apoye; sin embargo, cae en un hoyo y muere. El historiador dijo que de allí puede provenir la idea de comenzar posteriormente a sepultar a las personas con un perro para que lo apoye en los momentos de dificultades, así como agregar algunas pertenencias para que utilice en su camino al Mictlán. Quetzalcoatl revive más tarde y logra a través de un sacrificio crear a la humanidad.

También, a raíz de esos mitos, comenzaron los antiguos pobladores de Mesoamérica a realizar ofrendas y sacrificios a sus dioses muertos, como una manera de pagarles lo que ellos hicieron por la humanidad. Con la plática del historiador se tratará de entender, además por qué los mexicanos celebran la muerte. La charla se realizará con traducción al inglés el viernes 1 de noviembre a las 5:30pm en la Sala Quetzal, el costo es 270 pesos e incluye una visita a las principales ofrendas de la ciudad.

Ofrenda homenaje

Don Emigdio Ledezma trabajó por más de treinta años en Fábrica la Aurora. En 2003 comenzó, a petición del entonces dueño de Fábrica la Aurora don Francisco Garay, a colocar una ofrenda. En 2012 el señor Francisco falleció, por lo que el altar estará dedicado a él. Don Emigdio comentó, en su taller donde ya se encuentran preparados varios esqueletos de cartón, que este año se ha dedicado a construir un telar que incluirá en la ofrenda y “que será operado por un esqueleto”, también habrá una figura esquelética esculpiendo cantera y un carpintero. La parte central de este altar será el esqueleto del antiguo dueño de la fábrica, sentado sobre una silla y recargado en un escritorio trabajando sobre libros de contabilidad; así mismo, se incluirá una mujer, que era la secretaria. El altar estará instalado desde el viernes 1 por la mañana y será retirado el lunes tres de noviembre.

Entre música, poesía y muerte

El 2 de noviembre, a las 6:30 de la tarde, se realizará un evento gratuito en el Panteón de San Juan de Dios, “recital de poesía y música de la muerte”, el cual contará con una selección de poesía de los siglos XIX y XX. Este recital también incluirá los poemas escritos en algunos de los muros del cementerio por el michoacano Manuel de la Torre y Oreda y el sanmiguelense Indalecio Caballero, además de aquellos escritos en epitafios y otros de Rosario Castellanos y José Luis Borges, entre otros. Los poemas serán leídos a dos voces, una de ellas será la de la historiadora Graciela Cruz. Además el recital será acompañado por guitarra clásica.

Otros Eventos

Varios eventos tendrán lugar en toda la ciudad, consulte el suplemento Qué Pasa.

Restos de personajes en la cripta parroquial

Una de las frases más llamativas en la cripta parroquial reza “¿Do vas sanmigueleño apresurado? Vuelve los ojos al lugar sombrío que encierra las cenizas de tu amado ¡oh no lo mires con semblante frío! Déjale de tus lágrimas regado cual queda el musgo del rocío. Llora, sí, pues en él—yo soy testigo—se halla tu cura y tu mejor amigo” Este epitafio pertenece a la tumba del padre Francisco de Uraga (muerto en 1830), quien era párroco al momento de estallar la guerra de Independencia.

Los restos del padre Juan Manuel de Villegas, párroco de 1736 a 1776, quien fuera también comisionado de la Santa Inquisición en San Miguel, se encuentran también en la cripta parroquial. Como párroco, Villegas estampó su firma en el acta de nacimiento de Ignacio Allende, resguardada en los archivos parroquiales.

Otro personaje que también se encuentra en la cripta es el padre Remigio González (muerto en 1837) que fue capellán del Santuario de Jesús Nazareno en Atotonilco, en donde recibió  a los insurgentes el 16 de septiembre de 1810.

Anastasio Bustamente, quien al principio luchó en contra de los insurgentes, pero después se unió a Agustín de Iturbide para consumar la Independencia, también está sepultado bajo el altar de la Parroquia. Bustamante asumió la presidencia de México en 1830, pero tuvo que dejar el cargo en 1833 por las protestas en su contra por al asesinato de Vicente Guerrero, que él ordenó. Ocupó de nuevo la presidencia de 1837 a 1839. Se retiró y vino a vivir a San Miguel en donde murió en 1853, en la casa que fuera propiedad de la familia Sauto, en la calle de San Francisco no. 38. Según sus propios deseos, se le sacó el corazón, que fue depositado en la Catedral Metropolitana de la ciudad de México, junto a los restos de Agustín de Iturbide, por lo que solamente su cuerpo está enterrado en la cripta parroquial.

 

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