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CONAFE, educación para el futuro

Por Antonio De Jesús Aguado

Cerca de 284 comunidadesde San Miguel de Allende, son consideradas como vulnerables y marginadas. Son lugares que no cuentan con servicios de agua potable, luz, drenaje o una escuela digna. Regularmente, estos ranchos son los más alejados de la ciudad, hay pocas familias y por ello no hay  escuelas. Sin embargo, a través del CONAFE (Consejo Nacional de Fomento Educativo) se provee de educación de calidad a los niños, hecho que también ayuda para cosechar historias de éxito en la juventud sanmiguelense.

EL CONAFE –dependencia de la Secretaría de Educación Pública—surgió el 11 de septiembre de 1971 con el objetivo de llevar a las comunidades marginadas, los servicios educativos y brindar a los habitantes las herramientas para enfrentar los retos de su vida cotidiana con mejor preparación. Esta institución se vale del trabajo de jóvenes voluntarios (Líderes Educativos Comunitarios LEC) de escasos recursos, con estudios de secundaria o bachillerato y con deseos de seguir estudiando.

El CONAFE tiene nueve delegaciones en Guanajuato, y una de ellas, que coordina el área de Comonfort y San Miguel de Allende, se encuentra en esta ciudad.

En San Miguel hay más de 500 comunidades y en algunas de ellas el número de habitantes no es mayor a 200, por lo tanto no hay instituciones educativas, y es en donde el CONAFE debe entrar. José Luis Chávez, quien fue voluntario del CONAFE y ahora es coordinador de esta institución en San Miguel, comentó que para este ciclo escolar reclutaron 140 jóvenes, que prestarán su servicio en 80 comunidades del municipio.

Los LEC tienen claro que serán enviados a las comunidades más alejadas del municipio, en donde atenderán a grupos multigrado de preescolar, primaria y secundaria, que pueden ir desde cinco hasta 20 alumnos. Los jóvenes también saben que llegarán a una comunidad en donde los habitantes les ofrecerán la alimentación y deben adaptarse a las costumbres alimentarias del lugar, quienes también les proveerán de un espacio para dormir; que en algunas ocasiones no cuentan siquiera con el servicio eléctrico. Algunos deberán dar sus clases en salones que se inundan durante la época de lluvia. Otros  renunciarán, sin embargo, están aquellos que tienen un corazón lleno de “pasión por enseñar” y deseos de continuar sus estudios, por lo que dicen, soportan la soledad, las condiciones de vida y subsisten con el apoyo mensual que el CONAFE les da para gastos de transporte (1427 pesos).

Los LEC también saben que si trabajan por un año, recibirán una beca equivalente a 30,000 pesos para que puedan continuar con sus estudios de bachillerato o universitarios, según sea el caso, y de 60,000 pesos si prestan dos años de servicio. El dinero, si así lo desean, podrán emplearlo en carreras técnicas rápidas para aprender inglés, computación, belleza u otros.

Los alumnos inyectan fuerza a los voluntarios

Mario Alejandro Soto tiene 18 años y ha estado por un mes en el sistema; decidió adherirse porque tiene un gran espíritu social y tenía ganas de apoyar a aquellos que más lo necesitan, comentó para Atención en un descanso de su curso de capacitación. Su servicio lo está brindando en la comunidad Puerta del Aire, localizada a una hora y media caminando después de Jalpa. Soto desarrolla sus clases en un saloncito –habitación de una casa, acondicionada para tal efecto—para 15 alumnos de primaria. Agregó que después de la primera semana ya quería renunciar, pues extrañaba las comodidades de su casa y a su familia; sin embargo, uno de los alumnos le hizo cambiar de opinión y seguir adelante. “Estaba desanimado durante la clase y un alumno –Hugo—que es muy activo, me estaba hablando, yo no le puse mucha atención hasta que escuché que me dijo; profesor, verdad que cuando sea grande y si estudio mucho voy a ser como usted, eso me llegó al corazón y decidí quedarme”, dijo Soto, quien quiere estudiar ingeniería mecánica.

Me ha tocado cocinar la cena para los niños de la familia con quien me quedo” comenta Gabriela Palacios, una jovencita de 18 años de Ojo de Agua de Potrero, una comunidad de Comonfort. Ingresó a CONAFE porque todos sus hermanos—siete—han participado en el sistema y ya conocía la forma de trabajo. Además, porque su familia no cuenta con recursos económicos para que siga estudiando. Como voluntaria, el cambio en su vida ha sido muy significativo dice, pues fue ubicada en la comunidad Santa María de Guadalupe, en donde en una ocasión, debido a que la familia con la cual vive se dedica a vender tierra para plantas en Querétaro, no llegó a la casa y los niños tenían hambre, “pues tuve que cocinar, y eso no lo había hecho ni en mi casa”, cocinó lo que pudo, dijo, pues no varía mucho la alimentación a su comunidad, compuesta por frijoles, arroz o calabacitas. Aún está decidiendo si prestará un año o dos de servicio y qué licenciatura quiere estudiar. Agregó “los jóvenes somos muy rebeldes y materialistas, pero estar en comunidades donde la gente a veces no tiene ni qué comer, hace que tengamos una visión diferente sobre lo que es la vida, en mi habitación no tengo más que una cama y mis documentos de trabajo, con eso soy feliz”.

Festejando la Independencia

La Vivienda de Arriba es una comunidad que se encuentra sobre la Nueva Carretera a Guanajuato, conformada por unas 30 familias y 150 habitantes. Tiene un pequeño salón de preescolar y uno de primaria, mismo que visité, para encontrar a la LEC Sandra Ivonne Sánchez trabajando con su grupo multinivel de nueve alumnos (tres de sexto, uno de cuarto, tres de tercero, uno de segundo y uno de primero) que van desde los seis a los 12 años. Se encontraban elaborando adornos tricolores para decorar el salón y celebrar el mes de la Independencia.

La maestra (como la llaman sus alumnos) tiene 18 años y es de la comunidad de Santas Marías, compartió para Atención que le encanta trabajar con los pequeños, quienes ya la están motivando para estudiar pedagogía. Lo más complicado de estar en la comunidad es que cada semana tiene que estar cambiándose de domicilio, pues es el acuerdo que hay con la comunidad esa que viva una semana con cada familia de sus estudiantes, “pero está bien porque puedo conocer mejor a mis alumnos y a sus familiares” comentó Sánchez.

Alumnos de la voluntaria platicaron con Atención, como Juana – de sexto año—quien  compartió que sus papás la motivan a seguir estudiando ya que “será más fácil conseguir un empleo”, dijo que concluirá la primaria e irá a la escuela secundaria ubicada en la comunidad de los López. Juana, también se preocupa por sus compañeros, dijo que una alumna de su clase tiene 11 años y quiere estudiar pero se distrae “pensando en el novio”.  Juana quiere ser veterinaria.

Areli Stephanía, de segundo grado, compartió que le encantan las matemáticas y ya sabe las operaciones básicas y se lleva excelente con su maestra. Alonso Ramírez de cuarto año dijo que cuando sea grande quiere ser veterinario, pues le gustan mucho los animales, en su casa tiene dos perros, cinco cabras y una ternera.

Después del CONAFE ¿Qué?

María Concepción Téllez, fue LEC del CONAFE en 1996, en una comunidad de Comonfort llamada La Morita, una comunidad de 29 habitantes en esa época, que no contaba con salón, sólo una pequeña construcción de piedra con techo de paja, que se mojaba durante la época de lluvias. Después de una carta enviada a Vicente Fox, quien era gobernador del estado, se construyó el salón de clases y además la LEC recibió un reconocimiento del mismo gobernador.

Téllez, quien ahora es licenciada en administración de empresas y labora en el gobierno municipal, compartió que la mejor experiencia fue pensar que nunca se es demasiado joven para dejar huella, pues al ser voluntaria aprendió el valor de la responsabilidad, resistencia, constancia, humildad y trabajo en equipo. Compartió sus conocimientos, dijo, pero los estudiantes y familiares con sus deseos de aprender y deseos de superarse, le ayudaron para brindar su mejor esfuerzo y valorar lo que tenía, además le sirvió para aprender que “no hay sueño que se disfrute más, que aquel que se cumple ayudando más a otros, antes que a uno mismo”.

Rancho Nuevo de la Rosa es una comunidad con unas seis familias, ubicada en los límites de San Miguel y Juventino Rosas, allí trabajó Martha Elizabeth Ramírez Torres por un año. Fue complicado, comenta, pero concluyó el ciclo, la alimentaban con lo básico y tomaba agua del río. En época de lluvia, el salón de su compañera se mojaba, y ella terminaba dando clases afuera. “Serví seis años al CONAFE, me darán una beca por 60,000 pesos, y quiero estudiar psicología” concluyó.

 

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