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A library for all children

By Isabella Stallworthy and Mara Moettus

One ongoing project of the local nonprofit, Center for Adolescents of San Miguel de Allende (CASA), is the rural library idea that was spearheaded by CASA library coordinator Gabriela Salazar, who has been working at the CASA library for five years. Currently there are 12 libraries in different rural communities, many of which are in communities where other CASA programs also work.

The rural library initiative started off small.

“There were no libraries, no spaces, or anything like that,” Salazar explains. “We started by giving reading lessons in different communities. Then the peer counselors (from another CASA program) brought books with them when they went out to work and loaned them to the children.” Book borrowing quickly became popular and Salazar decided that the children needed a designated space to read. She then brought in a bookshelf and continued to give reading lessons in schools. “But I started noticing problems,” she tells us, “such as distractions in the classroom,” which prompted the creation of spaces specifically for reading and quiet activities.

This proved to be difficult— some schools already had small classrooms that were unoccupied but others needed much more work.

“In some communities, there were already small libraries so we just brought more books and did a little remodeling,” Salazar tells us. Others were not quite as easy. For example, the space in La Regalada needed a floor put in before the library could be created. In Los Juarez, there was no building available to house a library so half of the money for construction was raised by the parents in the community and half was donated by an organization working in San Miguel. According to Salazar, if there is already a space for the library, it costs about 14,000 pesos to pay for books, materials, blackboards, seating, materials for instructors and other essentials such as electricity.

“I want children to have their own space to read, a big space where they can walk in, bring books home, or stay there to read them,” Salazar says. She chose the communities primarily based on necessity. “The communities where we build libraries, these are the most vulnerable. They don’t have government support or help from other institutions.” The town of La Regalada, for example, has a public school run solely by parents who raise funds and do all of the renovations.

When asked about the inspiration for this project, Salazar tells us that it all started at the CASA daycare center. “I noticed while reading and teaching kids how to read that the kids here at CASA were very interested in books.”

Salazar wants to continue improving the libraries that have already been established and to expand her rural library program to other remote communities without access to books. “These are the furthest away, the most vulnerable, and many don’t even have schools.” She also aspires to one day run a mobile library.

“As long as I have the opportunity to teach children to read, who can in turn teach their parents, I will keep doing this work,” Salazar tell us.

If you would like to help with the next library build, donate to fund a rural library, or just know more about the project, contact Antonina Weber at development@casa.org.mx.

 

Una biblioteca para todos los niños

Por Isabella Stallworthy y Mara Moettus

Un proyecto en curso del Centro para los Adolescentes de San Miguel de Allende (CASA) es la iniciativa de las bibliotecas rurales que fue empezado por la coordinadora del programa de Biblioteca de CASA, Gabriela Salazar, que ha estado trabajando en la biblioteca de CASA por cinco años. Ahora hay doce bibliotecas en diferentes comunidades rurales donde también trabajan los otros programas de CASA.

El proyecto de las bibliotecas rurales empezó como un pequeño programa. “Cuando empecé, no eran bibliotecas fijas, no había espacios, nada de eso”, explica Salazar. “Se iniciaron como fomentos de lectura en comunidades y los promotores (de otro programa de CASA) en conjunto con las coordinadoras, llevaban los libros cada semana y se los prestaban a los niños”.  De repente, el préstamo de libros llegó a ser popular y Salazar decidió que los niños necesitaban un espacio propio para leer. Puso un estante de libros en un salón de una escuela y seguía dando lecturas. “Pero yo vi problemas, como la inquietud,” comenta, y por eso comenzó a crear espacios específicamente para leer y otras actividades culturales. “Fue difícil porque algunas escuelas, aunque había espacios disponibles, necesitaban otro tipo de trabajo. Hay algunas comunidades que ya tenían  biblioteca y lo que hice yo fue llevar más libros y remodelar un poco el área”.

En otros casos no fue tan simple. Por ejemplo, el espacio en La Regalada necesitaba un piso antes de instalar la biblioteca. En Los Juárez, no había un ni siquiera un espacio para una biblioteca. La mitad del dinero para construirla llegó de los padres en la comunidad que recaudaron fundos y la otra mitad fue donada por una organización.  Si se cuenta ya con un espacio, el costo del material, libros, instalación eléctrica, sillas y mesas es de alrededor de 14,000 pesos.

“Quiero que los niños tengan  su propio espacio de lectura… un espacio más grande, donde puede entrar, o llevar sus propios libros a su casa o quedarse a leer ahí”, dice Salazar. Eligió las comunidades para abrir las bibliotecas basándose principalmente en la necesidad de la gente. “Por ejemplo, las comunidades donde hemos abierto bibliotecas, son comunidades muy vulnerables. No tienen apoyo de gobierno ni de otras instituciones”. La comunidad de La Regalada tiene un kínder público que se mantiene gracias al dinero recaudado de los papás de familias que también se encargan de todas las adecuaciones.

En un futuro, Salazar quiere seguir mejorando las bibliotecas que ya existen y eventualmente expandir el programa a otras comunidades indígenas. “Éstas son más lejanas, más vulnerables, y probablemente ni escuela tengan. Me gustaría llegar allá”. También, se pretende tener una biblioteca móvil.

“Si tengo la oportunidad de enseñar a los niños a leer y que los niños les enseñan a los papás a leer, lo voy a seguir haciéndolo,” nos dice Salazar.

Si estás interesado en ayudar en la próxima construcción de una biblioteca rural, donar para construir una biblioteca, o simplemente saber más sobre el proyecto, contacta a Antonina Weber: development@casa.org.mx.

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