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La cuadrilla de las brujas

Por Antonio De Jesús Aguado

Mal de ojo, empacho, dolor de pies o manos es fácilmente curado por un grupo de mujeres de siete comunidades que, debido a sus conocimientos de herbolaria, han sido catalogadas como brujas; otras combinan la herbolaria con la sanación a través de rituales y las que no, fabrican artesanías.

En 2012,  27 comunidades del municipio fueron reconocidas por la CDI (Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas) como Comunidades Indígenas. Estas comunidades están divididas en microrregiones; una de ellas es la de La Cuadrilla, que está compuesta por: Lindero de la Petaca, Guerrero, Salto, Capilla Blanca, Bordo Colorado, Los Barrones y la propia Cuadrilla. Estas zonas coinciden en una práctica; la herbolaria. La Cuadrilla es la más antigua de las comunidades, fundada en 1700, con 487 habitantes (82 de ellos hablan otomí) y sus principales oficios son: partería, herbolaria, brujería y sobandería.

El milagro

La señora Catalina Ramírez Quintero, ha hecho bordados por más de quince años, lo aprendió de su hermana. Uno de sus trabajos más exitosos es “el milagro”, pequeñas mantas teñidas o sin color en los que dibuja santos, o cualquier otro elemento que le soliciten, les escribe una historia para posteriormente bordarlos.

Doña Catalina dice que comenzó a hacerlo porque su esposo era alcohólico y ella tenía nueve hijos, entre ellos unos gemelos, y necesitaba sostenerlos, así comenzó. Comenta que cuando inició con los milagros, lo hizo con una historia real “mi hijo se ahogó en el río, tenía 12 años y me pidió permiso de ir a nadar, pero como sufría de epilepsia, seguramente esa fue la causa”. Según doña Catalina, bordaba al niño sobre la manta, arrastrado por la corriente y en él escribía que estaba basado en una historia real, además ponía la fecha del deceso. Esa pieza era muy comprada. Esas mantas se llaman milagros porque son hechas posterior o previo a que un santo conceda un “milagro” a las personas, quienes van con doña Catalina y le indican que quieren una pieza, le dicen el santo a bordar o la parte del cuerpo, además del texto, que puede ser “doy gracias a San Martín por haberme sanado mi brazo”.

También se dedica a tejer rebozos, pero indica que es muy cansado hacerlos y termina uno en un mes, o en dos semanas cuando el pedido es urgente, pero se lo pagan muy barato, sólo a 120 pesos. Dice que tiene una comadre que se los compra, pero ésta los revende en 200 pesos. Espera pronto poder tener más beneficio de sus productos, ya que ha enseñado a tejer a un grupo de mujeres para que si en algún momento hubiera algún pedido grande, puedan hacerlo.

Sobanderas

La señora María Teodora López tiene 92 años, su mamá la enseñó a “levantar la mollera”. Dice que cuando un niño no quiere comer es porque le duele la mollera, entonces las mamás los llevan con ella. Para curarlos, los voltea con los pies hacia arriba, les da golpecitos en la planta de los pies, les jala los cabellos y les introduce un tomate en la boca, presionándoles hacia arriba para curarlos. Dice que la gente joven ya no quiere aprender.

Lucía López Rodríguez nació en La Cuadrilla y fue a vivir a DF, su abuela es de Xilotepec, una comunidad indígena de Querétaro. De acuerdo con Lucía, cuando a los bebes “les están brotando sus dientes”, éstos pueden empacharse con su propia baba (el empacho consiste en inflamación y dolor de estómago) o porque les dan chicharrón a comer o chicles que se pegan en sus intestinos, lo que les impide evacuar. Para curar a los bebés, Lucía les soba la panza, a veces hasta puede sentir los chicles pegados, dice. También soba la espalda de los niños “y finalmente les trueno el espinacito (la columna vertebral)” dijo. La pomada que usa se llama Pampuerco, y es adquirida en las boticas. Los niños se curan después de tres sesiones. Lucy, como la llaman sus conocidos, aprendió porque su niño se enfermaba frecuentemente y su abuelita le dijo “deberías aprender, yo no voy a vivir para siempre” agregó.

Brujería o espiritualidad

Lucía López, también comentó que frecuentemente su hijo tenía “mal de ojo” (este consiste en que las personas transmiten energías negativas a los niños, quienes se enferman de fiebre, diarrea y vómito) y cada que lo llevaba a curar eran 20 pesos; por eso aprendió a hacerlo. Para el mal de ojo, pasa por el cuerpo de los niños hojas de albahaca y un huevo, al tiempo que hace una oración. Dijo que aunque anteriormente curaba de este mal a gente mayor, actualmente no lo hace porque su energía se debilita.

Mediante un ritual, en el que se reza a los cuatro vientos, la señora Alicia Ramírez ha curado a miembros de su familia, como a su hija quien padecía de dolor de brazos, espalda, manos “todo su cuerpo le dolía, y no quería ir al doctor” dijo doña Alicia, a quien pidió que la curara. Doña Alicia le dijo que le llevara ramas de pirul y flores blancas y rojas. Con el sahumador le rezó y cuando terminó la curación y la señora Alicia se dirigía a tirar las ramas su hija le comentó “¿en serio eso es cierto mamá? Porque ya me siento muy bien”.

Doña Alicia además es capitana de danza de la comunidad y para comenzar la festividad, cada 14 de septiembre, primero tienen que pedir permiso a los santos que se encuentran distribuidos en los cuatro puntos cardinales, por eso la gente dice que es bruja, aunque ella argumenta que lo que hace, lo hace con el apoyo de Dios y no del maligno. “Mi abuelo decía que no es bueno creer, pero tampoco dudar, y yo creo que a mi hija, alguien le hizo algo, con ayuda de la cosa mala, por eso la curé con ayuda de Dios”, comenta.

Herbolaria

La Cuadrilla está localizada junto a un cerro, en donde crecen todo tipo de plantas medicinales, conocidas por sus habitantes como tatalencho,  hierba de San Antonio, vara blanca, sangregado, entre otros. En 2011, María Dolores Aguilar asistió a un curso de capacitación sobre herbolaria ofrecido por la CDI, en el cual aprendió cómo hacer pomadas y jarabes curativos. También sabe hacer dulce de calabaza, chilacayote, de tamarindo, shampoo, jabones y agua de chía, todo aprovechando los productos de la zona.

María Dolores transmitió, el conocimiento aprendido, a las mujeres de las comunidades que componen la microrregión. Posteriormente la misma comisión ofreció un curso de organización, y para que trascendiera, las mujeres decidieron formar una cooperativa, para producir y comercializar sus productos, la organización se llama “Mujeres Unidas del Salto” y tiene cerca de 50 integrantes. Previo a que se formara la cooperativa, ya algunas comercializaban sus productos en las comunidades cercanas, en la zona urbana e incluso en Celaya; sin embargo quieren expandir su mercado, aunque las oportunidades han sido pocas, pues argumentan que en San Miguel hay muchas ferias, pero los espacios son muy costosos y no cuentan con los recursos suficientes.

Adriana Ramírez es habitante de la comunidad de El Salto, y desde hace varios años ha estado trabajando con la CDI para poder obtener beneficios para la comunidad de La Cuadrilla. Algunos de sus logros son el empedrado que va desde la carretera a la entrada a la comunidad (y que conecta con otras comunidades); la entrega de ganado ovino y porcino en las comunidades de El Salto, Bordo Colorado y La Cuadrilla; logró conseguir recursos para una estética y una palería en Guerrero.

Ramírez, quien sobrevive de algunos trabajos de belleza, venta de productos de herbolaria y apoyo económico de su hermana, trabaja constantemente en beneficio de su región. Comentó que aunque ella ha estado en contacto con la Comisión desde hace varios años, fue hasta el 2011 que representantes llegaron para conocer si se identificaban como comunidad indígena, y debido a que tienen ascendencia otomí y han conservado sus usos y costumbres, han sido agregados a la lista de comunidades indígenas. Para contactar a Adriana, llamar al 415-1532-673

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